“La tía Sequillera” era el apodo de María Verdú, que regentaba una pequeña tienda en la Plaza de la Palla, en la que se vendían chucherías y petardos. Se cuenta que “la tía Sequillera” solía reñir a los niños y niñas que intentaban prender unos de los petardos que compraban en su tienda rascando la pared de su fachada.
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